LA FURIA DE POSEIDÓN
Desde la más remota Antigüedad el Hombre comprendió que cinco de las miríadas de luces que se observaban en el cielo nocturno no eran en realidad estrellas. No sabemos quién fue el observador genial que descubrió los planetas, pero debemos a su inteligencia el inicio conceptual mismo de nuestra idea del Cosmos.Es que los planetas (del griego: "vagabundo") se comportaban de manera muy diferente a la de las estrellas: los cinco extraños "astros" se desplazaban de oeste a este sobre el fondo de estrellas fijas. De este modo, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno obtuvieron su puesto entre los objetos errantes del cielo y fueron separados de las demás estrellas.
Sin embargo, se presentó un conflicto con la filosofía aristotélica, palabra santa en todas las ramas de la ciencia durante la Antigüedad y la Edad Media. En efecto, Aristóteles sostenía que los cielos eran perfectos —a diferencia de la Tierra, que no lo era— y, en consecuencia, sólo les estaba permitido un movimiento perfecto. El tal "movimiento perfecto" es, por supuesto, un desplazamiento circular perpetuo y uniforme alrededor de la Tierra, la cual, como hasta un niño podía ver, era a todas luces el centro del Universo.
Al principio, el aristotelismo explicó perfectamente el movimiento planetario: éste era directo, continuo, fluido, constante y en apariencia eterno e inmutable. Pero a poco que los astrónomos a ojo desnudo se fijaron bien, comenzaron los problemas. Dos problemas. Y muy grandes, porque contradecían las leyes establecidas por el divino griego.
Para colmo de males, tampoco el brillo de los planetas era constante: en efecto, algunas veces brillaban más y otras menos.
Hubo que esperar a Copérnico y su sistema heliocéntrico: tanto el brillo variable como los epiciclos fueron inexplicables mientras los científicos creyeron que el centro del Sistema Solar era la Tierra. Una vez que se colocó al Sol en su lugar, todo quedó claro. El brillo era inconstante porque como la Tierra y Marte —por ejemplo— se mueven a distintas velocidades, el segundo no está siempre a la misma distancia de nosotros. Más lejos, más oscuro. También quedó claro lo del movimiento retrógrado: la órbita de la Tierra es más pequeña que la de Marte, por lo tanto, se mueve a lo largo de ella más rápido que los planetas más exteriores, de recorrido más amplio. Cuando la Tierra rebasa a Marte, éste último parece retroceder, como parecen retroceder los autos más lentos cuando los sobrepasamos en una carretera.
Ahora todo estaba claro. El Universo estaba en su lugar, todas las teorías habían sido confirmadas y el Creador gozaba de paz y sosiego.
"Los fracasados ven un peligro en cada astroy una amenaza en cada gesto;tiemblan pensando que existen hombrescapaces de subvertir rutinas y prejuicios,de encender nuevos planetas en el cielo...La envidia es una enfermedady nada hay más respetable que el derechode lamentarse cuando se padecencongestiones de la vanidad".José Ingenieros

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